Los dueños de animales domésticos saben dónde comprar todo lo que necesitan: alimento, accesorios, cama, medicamentos, etc, pero la mayoría no sabe qué hacer con el cuerpo cuando fallece.
'Drako' era un perro Mastín Napolitano de cuatro años. Un tumor cancerígeno en la columna vertebral le estaba presionando varios órganos, entre ellos el recto, impidiendo que pudiera defecar.
El veterinario intentó operarlo para extraer el mal que estaba acabando con su vida pero desafortunadamente no pudo. Fue ahí cuando *Pablo Cifuentes debió tomar la decisión más difícil: aplicarle la inyección de la eutanasia para ponerle fin al sufrimiento de aquel compañero al que llamaba "su hijo".
"Uno no sabe que existe un cementerio para mascotas hasta el momento en que se muere y entonces se pregunta ¿Y ahora qué hago?, ¿Qué hago con un perro de 60 kilos?". Dice Cifuentes.
Generalmente en las clínicas veterinarias conocen las entidades que ofrecen los servicios de funeraria para mascotas, pero si su perro o su gato mueren en la casa ¿qué debe hacer?
El médico veterinario Henry Cortés, dueño de Funeravet (Funeraria veterinaria), comenta que la idea de crear esta empresa surgió en el 2001 como consecuencia del desempleo.
Al principio el pensar en un cementerio para mascotas le parecía un poco loco, pero, al pasar los días puso en marcha su proyecto y el 17 de octubre del mismo año llegó su primer cliente: un perrito del Barrio Pablo Sexto.
"Yo no tenía experiencia, no tenía carro, entonces me tocó ir a pedir un carro prestado para ir a recoger el cadáver del animal porque yo no tenía nada". Recuerda Cortés.
Actualmente tiene cuatro camionetas, una sede en el Barrio 7 de Agosto, un cementerio ubicado en el kilómetro 1,5 de la vía El Rodeo en el municipio de la Calera, reconocimiento en el mercado veterinario, 9.000 mascotas incineradas y 357 enterradas.
Pese a lo dura que puede parecer la estadística, Cortés siente que está haciendo una importante labor: "Ha sido un trabajo bonito que me ha dado mucha satisfacción profesional y familiar".
Procedimientos prácticos
Cuando la mascota se muere, muchas personas deciden enterrarla en el patio de la casa o simplemente meterla en una bolsa plástica y botarla a la basura.
Por esto creó Funeravet, para que esos seres tan especiales que se van, tengan un lugar donde descansar en paz reduciendo la contaminación del medio ambiente y dando la oportunidad a sus familiares de que lo visiten con la frecuencia deseada.
La empresa presta servicios de cremación, traslado, ataúdes, recordatorios, urnas, cementerio, entre otros. El costo de la incineración varía según el método y el tamaño.
Si la mascota pesa 9 kilos y se crema en grupo, el costo es de $ 95.000 pesos; si por el contrario, se desean conservar las cenizas en un cofre, se crema individualmente y el costo sería de aproximadamente $ 400.000. Una mascota entre 40 y 49 kilos, $ 180.000 en grupo y $600.000 sola. Todos los servicios incluyen traslado, baúl recordatorio, guía para el duelo y diploma.
Cuando la decisión es llevarlo al cementerio, el lote que tiene una duración de cinco años cuesta para un animal que pese 9 kilos, $ 350.000 pesos, y para uno de 40 a 49 kilos, $550.000.
Después de cinco años el cliente decide qué hacer con los restos de su mascota: cremarlos o pagar la mitad de lo que pagó la primera vez y dejarlo otros cinco años.
El servicio incluye traslado, ataúd, lápida tallada en mármol y visitas durante todo el año.
No sólo se trata de perros y gatos, sino también tortugas, pollos, hamsters, loros e incluso jirafas, elefantes, leones que provienen por lo general de circos.
Perros, gatos, Hamsters, tortugas, pollos, loros, etc. También Jirafas, Leones, Elefantes, si se trata de un circo. Todos los animales tienen derecho a estos servicios.
Llevar el duelo es difícil. Un perrito o un gato se convierten en miembros de la familia y su pérdida puede convertirse en una real tragedia.
Cifuentes, luego de tomar la decisión de aplicarle la inyección de la eutanasia a su amigo, se sintió sumergido en un dolor acongojante, no sabía qué hacer.
Sin embargo, el médico veterinario le contó acerca de las opciones que tenía, y es entonces cuando decidió cremarlo colectivamente. "Esperé hasta que lo dejaron al frente del horno, mi preocupación era que lo fueran a tirar a la basura".
"No pienso tener más perros en mi vida. No sé si quisiera superar el duelo. Le pongo agua en su taza desde que se murió. El agua se acaba, yo soy feliz poniéndole agua y si no se acabara se la cambiaría. Le hablo siempre, le pido que nos acompañe. No necesito una prueba física para saber que estamos unidos, Drako era mi hijo". Afirma Cifuentes.
* Por motivos que no expuso la fuente, solicitó que su nombre fuera alterado para este artículo.
ZALENA ZAPATA
Especial para Tiempo Universitario
Pontificia Universidad Javeriana